Edición impresa | OPINION
Juan PALOMO | Publicado el 30/10/2008
También en los premios Nacionales de Literatura que otorga el Ministerio de Cultura parte el bacalao la cuota nacionalista. Asombroso, dada la distancia abismal entre el número de libros publicados al año en castellano y los editados en las otras lenguas de España. Viene esto a cuento de lo sucedido la semana pasada: un libro en gallego (O único que queda é o amor, de Agustín Fernández Paz), se alzó con el premio Nacional de Literatura Infantil, y otro en gallego, sólo en gallego (De provincia a nación. Historia do Galeguismo político, de Justo Beramendi), con el Nacional de Ensayo. Me pregunto cuántos de los miembros o miembras del jurado lo habrán leído, aunque lo extraño es que esto no pase con más frecuencia. La clave, lo digo por experiencia, es la composición del jurado. Los catalanes votan siempre a los catalanes, los vascos a los vascos y los gallegos a los gallegos. De inicio, jamás a un autor en castellano. Y a medida que en cada ronda es eliminado un autor autonómico, los jurados votan al periférico que va quedando. Siempre, todos los años lo mismo. Y cuando los periféricos son mayoría, gana el que quieren.









Roberto Saviano, Luis Mateo Díez, Silvia Abascal y Jaume Balagueró.