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Opinion Mínima molestia

Atragrantados

Por Ignacio Echevarría
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IGNACIO ECHEVARRÍA  | 15/10/2010 |  Edición impresa


Parece que John Freeman, el director de la revista Granta, tiene ideas muy sólidas sobre la nueva narrativa en lengua española, amparadas probablemente en su buen conocimiento del castellano y su proverbial curiosidad por leer autores hispánicos. De ahí que, durante la rueda de prensa convocada recientemente en Madrid para hacer pública la archisecreta lista Granta de los 22 mejores narradores jóvenes en español, se permitiera decir cosas tales como que estos chicos “hablan mucho de sexo” y -a diferencia de los jóvenes escritores anglosajones, cuyo talento le parece uniformizado por los talleres de escritura- “se arriesgan muchísimo”. Algo que -añade- no dejará de llamar la atención en los Estados Unidos, donde, como es sabido, la narrativa se halla anquilosada en los viejos cánones realistas y puritanos (ya saben, Coover, Pynchon, Forster Wallace, cosas de ésas). Nuestros chicos, en cambio, “tiene tonos que recuerdan de Murakami a Faulkner”, fíjense.

¿Cómo ha conseguido Freeman hacerse un diagnóstico tan certero de la joven narrativa en lengua española? Muy sencillo: acudiendo a esa mencionada lista confeccionada por los responsables de Granta en España con la ayuda de un sólido jurado, tres de cuyos seis miembros son de origen anglosajón, y en el que no figura nadie previamente caracterizado por su especial dedicación a la literatura en lengua española (si bien sí hay, cuando menos, una experta en historia y política chinas: la escocesa Isabel Hilton).

Sobre las incongruencias de esa lista ya he tenido ocasión de discurrir en otro lugar (http://www.cuartopoder.es/invitados/la-lista/513). Aquí me limitaré a resumir algunos datos allí arrojados, a los que sumaré otros nuevos.

De una lista destinada a seleccionar jóvenes talentos emergentes, nacidos a partir del año 1975, resulta que la casi totalidad de los 22 elegidos -21, en concreto- han nacido en 1978 o antes. Seis de ellos, es decir, más de una cuarta parte, nacieron en el mismo año 1975 que sirve de frontera a la selección, lo cual acusa dramáticamente la arbitrariedad de esa frontera. Una lista, pues, destinada a destacar y promover a los mejores narradores jóvenes en lengua española, se limita a ser, en realidad, una selección de los mejores narradores en lengua española entre 32 y 35 años. En un momento supuestamente tan prometedor y pujante para las letras hispánicas, no hay al parecer escritores veinteañeros que reúnan méritos suficientes para apostar por ellos. Y tampoco los reúnen, dicho sea de paso, los narradores nacidos en nada menos que catorce países latinoamericanos, desde Cuba a Paraguay, que no tienen representación en una lista en la que Argentina y España copan más de la mitad de los nombres seleccionados.

El proceder ha sido tan burdo, y los resultados tan poco reveladores, que entre los mismos autores seleccionados no han tardado en surgir ácidos comentarios. No se pierdan la entrada que al asunto dedica uno de ellos, Alberto Olmos, en su blog (hkkmr.blogspot.com), donde explica algunas cosas.

Sin objetar la calidad de un buen puñado de los narradores elegidos, cabe subrayar el hecho de que se trate de autores en su inmensa mayoría ya bien conocidos, publicados muchos en España -donde viven gran parte de ellos, aun sin ser españoles-, que en más de un caso han obtenido ya uno o varios premios, y que cuentan con agentes internacionales. Es decir, que se ha privilegiado una óptica peninsular, tendenciosamente orientada conforme a las expectativas de los editores anglosajones, desentendida de toda idea de exploración y de riesgo. Una óptica, por otro lado, que asume los criterios hegemónicos, tanto desde el punto de vista geocultural (ausencia de representación de países pequeños) como de sexo (sólo cinco seleccionadas), por no meterse aquí en cuestiones más netamente literarias. Por si fuera poco, por debajo de estas insuficiencias se detectan sospechosos intereses y maniobras. Una sola muestra: la editorial barcelonesa Duomo, que publica Granta en español y que ha organizado la dichosa lista, contrató, antes de hacerse ésta pública, al menos a dos de los autores seleccionados, aun a pesar de la nula presencia en su catálogo, hasta el momento, de autores hispánicos.

Se preguntará algún lector por qué, si las cosas son así, hablar de ellas y contribuir a darles publicidad, aunque sea negativamente. Pero es que, una vez más, la prensa cultural del país ha obedecido al reclamo de una grosera operación de márketing comercial, a la que a ha dado una amplia cobertura, sin cuestionarse nada. Se impone entonces amagar, sin demasiada esperanza en su efectos correctores, algunas puntualizaciones.





Ignacio Echevarría


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