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Edición impresa |  OPINION

Los SMS desafían al idioma

Por Luis María Anson, de la Real Academia Española
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LUIS MARÍA ANSON | Publicado el 28/01/2011



Las cifras oscilan cada semana pero parece que los mensajes enviados a través del teléfono móvil por los españoles superan ya los cien millones diarios. El dato produce vértigo. La raquítica literatura epistolar del siglo pasado se ha desbocado. Según estudios documentados, más del 50% de lo que se escribe en nuestro país corresponde ya a los SMS. Sería absurdo negar la incidencia del estallido tecnológico sobre el idioma. Para ahorrar dinero, los ciudadanos emplean en sus mensajes de teléfono celular, un lenguaje taquigráfico que fragiliza la sintaxis y, sobre todo, la ortografía. El fenómeno requiere atención precisa y está claro que, antes o después, la Real Academia Española tendrá que establecer normas para regular las abreviaturas e impedir que los SMS lesionen la lengua de Cervantes y Borges.

Los mensajes a través del teléfono móvil, que tanta alarma han levantado, se pueden embridar ya en algún aspecto decisivo. Todos los días, en cada uno de los canales de televisión, se reproducen, escritos sobre la pantalla, centenares de SMS que leen millones de españoles. Si la ortografía se aprende sobre todo en la lectura, el efecto de los SMS en televisión podría resultar devastador. Sin embargo, la solución a este despropósito no parece demasiado difícil. Tradicionalmente los periódicos convencionales serios han dispuesto siempre de uno o varios correctores de estilo que garantizan al lector una escritura correcta en informaciones, noticias, reportajes, entrevistas, crónicas y artículos. Se trata de establecer la misma fórmula en cada canal de tv, de manera que los mensajes reproducidos mantengan exactamente lo que quieren decir sus autores pero que aparezcan en pantalla con una redacción adecuada y una ortografía correcta. El gasto que esta medida supone es el chocolate del loro. El servicio al idioma, gigantesco. Los millones de espectadores que todos los días leen los SMS audiovisuales sobre la pequeña pantalla no se deformarían ni en la sintaxis ni en la ortografía.

Tal vez el nuevo director de la Real Academia Española, José Manuel Blecua, estime conveniente invitar a almorzar uno a uno, no en grupos, a los presidentes y directores de los diversos canales de televisión para exponerles lo positivo que resultaría para la pureza del idioma, la contratación de correctores de estilo, de manera que los SMS no se conviertan como ahora en un arma devastadora. Estoy seguro de que casi todos, tal vez todos, los presidentes y directores de los canales de televisión estarán de acuerdo con la propuesta y darán órdenes para que los correctores conviertan los SMS en manifestaciones correctas de una lengua como la nuestra, que se ha encaramado en el segundo puesto entre los idiomas internacionales.

Los SMS, en fin, forman parte esencial de esa maravilla que es la vanguardia tecnológica. Hay que ensalzar su existencia. Se trata sólo de encauzarlos, como primera providencia, en televisión para que su lectura resulte abiertamente positiva.


ZIGZAG

José María Zavala podía haber elegido cualquier familia española de la alta burguesía y se hubiera encontrado con las mismas historias de infidelidades, hijos naturales, enconos por la herencia, fracturas matrimoniales, caravanas de mentiras y trapicheos. Ha elegido a la dinastía de los Borbones españoles y ha escrito un libro, Bastardos y Borbones, en el que se mezclan realidades históricas con bulos, maledicencias y calumnias. El resultado es una obra de evidente interés que se lee de un tirón. Zavala ha demostrado su calidad de historiador. Y su rigor en la investigación, en el acopio de datos, en el análisis político. Media docena de libros de éxito sobre asuntos varios, con incidencia en la guerra incivil española, subrayan su trayectoria de historiador y su calidad literaria. Está claro que el autor ha sabido introducirse en la intrahistoria de los Borbones españoles poniendo el espejo delante de una dinastía que ha proporcionado a nuestra nación, con Juan Carlos I, el más largo período de paz, libertad y prosperidad de la Historia de España.



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Luis María Anson, de la Real Academia Española