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Cuestión de método

Por Ignacio Echevarría
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IGNACIO ECHEVARRÍA  | 27/04/2012 |  Edición impresa


La revista Quimera publica una entrevista con Javier Calvo, último ganador del Premio Biblioteca Breve. El autor de la entrevista le pregunta a Calvo si la novela con que ganó el premio fue escrita específicamente con este fin, y Calvo responde:

“Sí, lo que pasó fue que un día estaba navegando en Facebook y vi que alguien de Seix Barral había colgado lo del premio. Entonces me quedé dándole vueltas y esa misma tarde llamé a mi agente y le dije. ¿Y si me presento al Biblioteca Breve? Y me dijo: Bueno, no sé, preséntate si quieres (así, sin demasiada fe). Le pregunté si había tiempo y me dijo que no, qué cuánto llevaba de la novela. Le dije que no tenía nada escrito aún, y me dijo que bueno, que podía intentarlo, pero que sólo había dos meses...”.

¡Dos meses solamente! Un plazo todavía más exiguo que aquel del que disponía Camilo José Cela cuando decidió presentarse al Premio Planeta. Aquello fue hace casi veinte años, en 1994, año en que Cela obtuvo el galardón de marras con La cruz de San Andrés. En esta novela, recuerden, el narrador confiesa abiertamente haber emprendido la escritura de su relato a instancias de la editorial y de su agente, quienes le “anticiparon mucho dinero”. De hecho, el narrador declara haber emprendido la novela en el mes de abril, con el compromiso de terminarla “el día 1 de septiembre, así que debo darme cierta prisa porque el zurriago del tiempo pasa volando como una gaviota”.

Y vaya si se dio prisa el bueno de Cela. Tanta se dio, que se le mezclaron algunos papeles y hubo de arrastrar hasta su muerte las acusaciones de plagio de la señora Carmen Formoso, que ese mismo año se había presentado también al Planeta con una novela que presentaba, al parecer, extrañas coincidencias con la del autor de La colmena.

Pese a disponer de menos meses aún que Cela, a Calvo todavía le sobró tiempo para presentar su novela al Biblioteca Breve. Pero es que, miren por dónde, Calvo cuenta con “un método de composición que tengo ya muy por la mano y que de hecho me permite escribir las novelas cada vez más deprisa”. “En este sentido -añade-, El jardín colgante [novela ganadora del Biblioteca Breve] no es que se parezca, es que es exactamente como Corona de flores [la novela anterior de Calvo, publicada por Mondadori] ... Y sí, utilizo un esquema previo de capítulos que suelo escribir en una pizarra. Voy llenado cada capítulo con acción y luego lo escribo. Corona de flores la escribí en cuatro meses. El jardín colgante en seis semanas, es decir que voy perfeccionando la fórmula”.

Vaya que sí. Hago cuentas y, a este ritmo, todavía es posible que Calvo se presente, y -por qué no- gane, dentro aún de este año, el premio Herralde, el Planeta y, ya en el filo del 2013, el Nadal. Ya sabemos que en nuestro país, con esto de los premios, todo es empezar. Miren si no al siempre admirable Álvaro Pombo. Y a tantos, tantísimos otros.

Al fin y al cabo, el del plazo parece ser el único obstáculo que, llegados aquí, se le plantea a un escritor (así se trate de un escritor joven, como aún suele ser etiquetado Calvo; así se trate de un escritor con puntas de moderno, de alternativo y hasta de freak) a la hora de presentarse a un premio.

En la entrevista que vengo citando, le preguntan a Calvo si no le costó tomar la decisión de postularse al Biblioteca Breve aun sabiendo que eso suponía desertar de la editorial que desde un principio apostó por él.

“Sí, en realidad sí. Pero había una cuestión que me interesaba mucho en relación al premio. En realidad es un premio cuya historia reciente no me interesaba mucho, pero sí me interesaba la magnitud de la promoción, la presencia en medios, la atención que concita... Por otra parte, abandonar Mondadori evidentemente fue muy complicado, incluso emocionalmente, porque el editor es mi amigo”.

Pese a lo cual, ya lo hemos visto, la decisión le llevó apenas unas horas desde que tuvo aquella “iluminación” en Facebook. Los números son los números, qué se le va a hacer.

Por cierto, les cuento todo esto a sugerencia de mi apreciado Alberto Olmos, que se ha servido de una amistad común para llamarme la atención sobre la entrevista, vaya uno a saber con qué propósitos.

Para que luego no diga.




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