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Opinion Mínima molestia

De la crítica en Internet

Por Ignacio Echevarría
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IGNACIO ECHEVARRÍA  | 04/05/2012 |  Edición impresa


Hace ya dos meses que Alberto Santamaría, responsable de una interesante bitácora dedicada principalmente a la crítica literaria, colgó un post provocativamente titulado “La crítica kitsch (el retorno de la crítica conservadora)”. El post ha rodado lo suyo por la Red, y ha dado pie a toda suerte de pronunciamientos, empezando por los que se vuelcan en el foro correspondiente, que conviene consultar para constatar, de nuevo, cómo los debates en los foros se resuelven las más veces en un gurigay en el que no hay modo de sacar nada en claro. Como era de temer, el mismo Santamaría, en su bravo intento de replicar a los comentaristas, termina exhausto, cual toro capeado por una cuadrilla, y la sensación última es la del pataleo impotente de quien, habiéndose expuesto imprudentemente a sus terribles fauces, está a punto de ser engullido por el cocodrilo de la estupidez.

Lo que Santamaría sostiene en su post es que “Internet ha desarrollado, en el marco de la literatura y de las artes, un modelo de crítica kitsch”, entendiendo por tal aquella cuyos recursos se supeditan al exclusivo afán de impactar, de causar efecto, sin particular vigilancia de los contenidos. “Los modos de esta crítica kitsch -escribe Santamaría- se basan en la idea de que a través de un ‘decir directo', sin concesiones al lenguaje teórico, se ‘reseñan' novedades asentando su lectura sobre un criterio de verdad (no argumental) que hace del cinismo su forma. Esta visión degradada de la práctica crítica se opone vigorosamente a la idea misma de análisis crítico, ya que no es más que una declaración de presencia que sólo denota la ambición de ser reseñado”.

Remite Santamaría, a modo de ejemplo, a dos blogs relativamente sonados: lectormaleherido y medicinadetongoy. Y añade: “A través de su intento de cuestionar a la crítica académica (ese extraño fantasma al cual es tan fácil atacar y que nadie sabe muy bien definir) desde las posibilidades de Internet se ha creado un nuevo alejandrinismo cool, más peligroso y conservador incluso que buena parte de la crítica académica (a la que supuestamente cuestiona). Ahora bien, este conservadurismo se disfraza con una retórica cool (cínica y prepotente) que alienta, supuestamente, una nueva forma de acercamiento a la obra (y al lector). Situémoslo históricamente, apuntando el mencionado sentido conservador de esta critica kitsch”.

Como se ve, Santamaría no teme meterse en camisa de once varas. El lector interesado en averiguar por dónde saca la cabeza hará bien en acudir directamente a su post. Por mi parte, la lectura del mismo ha removido algunas ideas relativas al tema de la crítica en Internet que me vienen importunando desde tiempo atrás, si bien de forma todavía demasiado confusa y balbuciente como para siquiera aspirar a esbozarlas. Me conformo de momento con traer, al hilo de las agudas consideraciones de Santamaría, una cuestión sobre la que me interrogan a menudo: ¿se perfila Internet como la plataforma adecuada para instaurar un nuevo modelo de crítica libre, lo suficientemente penetrante, representativa e influyente como para relevar, más temprano que tarde, a la cada vez más menoscabada e inocua crítica que se hace en la prensa? Me refiero a la prensa escrita, naturalmente, ella misma, a su vez, cada vez más menoscabada.

Observador distraído pero suspicaz de tendencias como la que tan severamente registra Santamaría en su post, durante mucho tiempo he solido mostrarme escéptico respecto a los alcances de la crítica que se practica en la Red y sobre las expectativas de que consiga articularse funcionalmente, constituirse -como en su momento la crítica ejercida en los medios aún hegemónicos- en una instancia suficientemente representativa, orientadora y, por así decirlo, sancionadora de cuanto se juzga susceptible de quedar integrado en el sistema de la literatura.

Ahora bien, entiendo que el actual modelo crítico, surgido al amparo del periodismo convencional, posiblemente quede desplazado, antes que suplantado, por otro constituido desde bases radicalmente distintas, desarrollado conforme a la estructura reticular de Internet, que es de naturaleza por completo alternativa a la estructura piramidal o, si se prefiere, radial de la crítica fundada en el principio de autoridad.

El modelo de crítica que Santamaría califica de kitsch es, como él mismo sugiere, subsidiario de la crítica académica y convencional, un fenómeno que estimo natural, inevitable y episódico en el proceso que terminará abocándonos a un modelo de crítica que todavía está por contrastarse, si bien cabe detectar ya, entre tanto alboroto de patio de colegio, algunos indicios de cuáles serán sus características. Trataremos de señalarlos.





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