IGNACIO ECHEVARRÍA | Publicado el 04/05/2012 | Ver el número en PDF
Hace ya dos meses que Alberto Santamaría, responsable de una interesante bitácora dedicada principalmente a la crítica literaria, colgó un post provocativamente titulado La crítica kitsch (el retorno de la crítica conservadora). El post ha rodado lo suyo por la Red, y ha dado pie a toda suerte de pronunciamientos, empezando por los que se vuelcan en el foro correspondiente, que conviene consultar para constatar, de nuevo, cómo los debates en los foros se resuelven las más veces en un gurigay en el que no hay modo de sacar nada en claro. Como era de temer, el mismo Santamaría, en su bravo intento de replicar a los comentaristas, termina exhausto, cual toro capeado por una cuadrilla, y la sensación última es la del pataleo impotente de quien, habiéndose expuesto imprudentemente a sus terribles fauces, está a punto de ser engullido por el cocodrilo de la estupidez.