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Opinión Mínima molestia

Informes de lectura (1)

Por Ignacio Echevarría
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IGNACIO ECHEVARRÍA  | 08/06/2012 |  Edición impresa


Me veo en situación de hacer algo que me revienta cuando es otro quien lo hace: recomendarles un libro que les va a resultar difícil conseguir. Pero de verdad vale la pena que den la lata a su librero o que prueben vía Internet, del modo que sea. Algo habrá que hacer, digo yo, para sortear las inercias y las rutinas que presiden los circuitos de distribución de libros entre Latinoamérica y España.

El libro que les recomiendo es Informes de lectura & Cartas a Montale, de Roberto Bazlen, y acaba de publicarlo La Bestia Equilátera, la editorial argentina creada no hace mucho por Luis Chitarroni, quien viene impulsando con ella un catálogo exquisito, lleno de sorpresas impagables, entre las más recientes esa rareza fascinante que es La soledad del lector, una novela de David Markson construida casi enteramente de breves citas y de minucias en apariencia irrelevantes sobre toda suerte de escritores, artistas y más fauna. Una joya.

Roberto Bazlen, a quien sus amigos llamaban Bobi, es una figura intrigante, casi legendaria en el ámbito de la cultura italiana. Su nombre suele aparecer vinculado a las etapas más heroicas -y gloriosas- de algunas de las editoriales a las que asesoró como lector infatigable, entre ellas algunas bien conocidas, como Bompiani, Einaudi, sobre todo, y Adelphi. Todos los libros de Bazlen son póstumos (el único traducido al español era hasta ahora El capitán de altura, Trama, 1996, armado por Roberto Calasso con los fragmentos de una novela inacabada). Balzen murió sin haber publicado ninguno, pese a haber influido en la publicación de tantos.

Amigo desde muy joven de Eugenio Montale, en el precioso puñado de cartas dirigidas al poeta que completan estos Informes de lectura de Balzen -escritas todas entre 1925 y 1930, es decir, cuando era todavía veinteañero-, hay una, bastante conocida, en la que responde en los siguientes términos a la propuesta de Montale de colaborar en una revista: “¿Acaso te volviste loco, que pretendes hacerme colaborar en una revista? Soy una persona decente que pasa casi todo su tiempo en cama, fumando o leyendo, y que cada tanto sale para hacer alguna visita o para ir a cinematógrafo. Además, carezco por completo de espíritu mesiánico-divulgativo, y jamás he sentido necesidad alguna de compartir mis ideas con los demás, menos aún con los lectores de revistas. Si tienen necesidad de recomendaciones, descubrimientos, bibliografías, etc., los ayudaré con mucho gusto”.

Veintitrés años tenía Bazlen cuando escribió estas palabras (sobre las que volveremos), y en los cuarenta que le quedaban todavía por vivir se atuvo a ellas del modo más estricto y eficiente que imaginarse pueda.

Pero si se empieza a dar vueltas a la figura de Bazlen (inspiradora de la primera novela de Daniele del Giudice, El estadio de Wimbledon, de 1983, publicada por Anagrama en 1986) no se termina nunca. Baste aquí con copiar estas líneas con que Sergio Solmi cierra la emocionante nota que precede a estos Informes de lectura & Cartas a Montale: “En lo que a mí respecta, si tuviera que resumir la enseñanza vital de Bobi, que nunca se consideró un ‘maestro', diría que en su mayor parte consistió en invitarnos a retroceder continuamente y a cuestionar las que podían parecernos, alguna vez, nuestras líneas de llegada: una invitación a dar siempre la máxima apertura a nuestro compás, aun a riesgo de sobrepasar el círculo más grande”.

Y vale ya. Pues lo que yo quería, además de recomendarles el libro de Bazlen, no es tanto hablarles de su personalidad, y apenas del libro en cuestión, sino del género al que éste pertenece. Un género sumergido, por así decirlo. Y digo sumergido porque no está destinado a hacerse público; de hecho, es un género privado, confidencial, a medio camino entre el peritaje técnico, el chivatazo, el chisme, el pitorreo y la crítica literaria, y por eso mismo muy vinculado a funciones, a maneras y a usos retóricos a los que Internet ha insuflado una gran vitalidad.

Me estoy refiriendo, sí, a lo que en el mundo editorial se conoce por “informes de lectura”. Pero no nos queda más espacio, así que volveremos sobre ellos la semana que viene.




Ignacio Echevarría


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