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Jueves, 24 de abril de 2014
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El muro de Otelo

El clásico de Shakespeare llega al teatro de la comedia de Madrid

Celos, xenofobia, inseguridad y maltratos. ¿Son estos temas del siglo XVII? Shakespeare llevó al escenario las flaquezas del ser humano hasta sus últimas consecuencias, sus frustraciones y sus esperanzas. El próximo viernes llega al Teatro de la Comedia de Madrid Otelo, el moro, un montaje del Centro Andaluz de Teatro que dirige Emilio Hernández en versión del poeta Luis García Montero, quien analiza para EL CULTURAL la vigencia del texto y las “puertas abiertas” que dejó el autor para intepretar el poder y las caras de la tiranía.


Itzíar DE FRANCISCO | 02/05/2001 |  Edición impresa


antonio Garrida es yago en Otelo, el moro

Una pintada callejera en un barrio sevillano fue el origen de este montaje. A la reivindicación “menos muros”, escrita sobre una tapia, alguien había añadido una xenófoba “o”. Ese “menos moros” que Emilio Hernández leyó en la calle de camino a su oficina en el Centro Andaluz de Teatro, es el origen del Otelo, el moro que ahora llega a Madrid. “Me di cuenta de que en la calle había un diálogo entre unos y otros y pensé que eso se debería reflejar en una obra”, comenta Hernández, que lleva más de veinte años haciendo teatro político. “Tenía la necesidad de hablar de la utilización que los habitantes del Mediterráneo norte hacen de los del sur, y la única forma de hacerlo era mediante un teatro político y comprometido”, explica el actual director del Centro Andaluz de Teatro.

Un año de preparativos

Con una depuradísima y revisada versión del texto a cargo del poeta granadino Luis García Montero y protagonizado por los actores Juan Manuel Lara (como Otelo), Antonio Garrido (Yago) y la joven Irene Pozo -una Desdémona que es enfrenta aquí a su primer gran montaje- la obra ha necesitado un año de preparativos y un casting entre más de 300 actores andaluces, de los que finalmente se seleccionaron doce. “La mayoría son de Sevilla y de Granada para que tanto la parte occidental como la oriental de Andalucía esté representada, y porque el CAT quiere abrir horizontes y apoyar a nuestros intérpretes”, comenta Hernández, que lleva vinculado a la gestión pública de teatros desde hace más de veinte años -fue adjunto a la dirección del Centro Dramático Nacional entre el año 1978 y el 1981, y a la del Teatro Español dos años después-.

La joya de la metrópoli

Sobre esta obra, el actor y director ruso Stanislavsky dejó escrito: “Las colonias han sido totalmente esclavizadas. Los nativos de esos países sometidos no son considerados siquiera personas. De pronto uno de ellos se atreve a raptar a la joya más preciada de la metrópoli, la bella Desdémona, hija de uno de los patricios más influyentes de su aristocracia. Imaginad la magnitud de esa ofensa a toda una rancia estirpe de tiranos. Pero los turcos atacan. Se dirigen a Chipre. Es urgente organizar una expedición. ¿Quién es el jefe más idóneo? Lamentablemente, contra el turco ninguna duda : el invencible moro. Imaginad el agravio a toda la clase gobernante: a pesar de la ofensa, se le necesita. Todos se ven obligados a tragarse el orgullo y pactar un indeseado acuerdo”.

La archiconocida historia de Otelo, el moro, que acaba asesinando a su mujer, Desdémona, a causa de los celos y la desconfianza que en él ha creado el traidor Yago ha dado origen a infinidad de versiones no sólo en teatro sino también en cine. Pero quizás sea este uno de los montajes que mejor haya sabido adaptar un texto de 1604 a la problemática social de nuestros días. Por eso, esta versión del Otelo de Shakespeare se centra especialmente en “la utilización de aquél que es diferente por parte de los poderosos del ‘primer mundo’, y que, además, se le utilice con una falta de ética total”, reconoce Hernández. Y es que cuando la ley de extranjería llena de tensiones el Parlamento, los brotes xenófobos y racistas en nuestro país acaparan las portadas de los periódicos, y numerosos casos de violencia doméstica se amontonan en los juzgados, obras como ésta se convierten en reflejo dramatizado de lo que es ya cotidianeidad. Y su significado no se le escapa a casi nadie, entre otras cosas debido a la brillante adaptación que ha realizado para este montaje García Montero, que ha “eliminado ciertos anacronismos del texto original, subrayando su poesía y su mensaje”. Desde la dirección, Hernández ha centrado su trabajo actoral en la “comunicación con el público, olvidándose de la cuarta pared”, desvela el actor Juan Manuel Lara, quien ha creado un Otelo “al que los celos infectan como un virus, que maltrata a su mujer hasta el punto de asesinarla y que no está muy lejos de los Otelos que hay encerrados en muchos hogares del mundo”.

La puesta en escena viene a subrayar los temas que más han preocupado a director y adaptador de la obra: la marginalidad del diferente, el maltrato a la mujer y la dominación del sistema por parte de unos pocos poderosos. Todo ello con una visión actual a la que contribuyen desde la sustitución de las clásicas dagas por pistolas, hasta un vestuario moderno -Otelo aparece con la actual vestimenta militar, Desdémona con un traje de novia y Graciano, Ludovico y El Magnífico como “mafiosos de salón” sujetando copas de champán -pasando por un sonido constante de mar -el que acompaña a los inmigrantes de las pateras- o canciones en directo con piano y violines.

Una sola verdad

Sobre un escenario frío, cubierto de alfombras, el drama shakesperiano se desarrolla mientras éstas van desapareciendo, “dejando finalmente a Otelo sobre la última, aislado, como un náufrago” comenta Lara, para quien este Otelo ha sido todo un reto profesional. “Sólo hay alfombras porque mi personaje sólo tiene una cara, a diferencia de Yago. Para él la verdad es siempre una y eso acaba con él. Los celos le empiezan a hacer la vida imposible porque lo que le unía a la tierra firme, su amor por Desdémona, se pierde. Al final acaba solo y decide suicidarse”.

Emilio Hernández -que ya había dirigido en el CAT Fuenteovejuna, de Lope de Vega y Madre Caballo, de Antonio Onetti- ha mantenido en este montaje, que se presentó en Sevilla en enero, un intencionado distanciamiento muy “bretchiano”: “Los actores son actores y personajes -comenta- , y el vestuario, las luces, la escenografía... todo está pensado en función de ese distanciamiento. Brecht fue muy shakesperiano, seguramente el primero, y eso se nota en este montaje”.

Necesidad de compromiso

Todo ello al servicio del mismo fin, como explica el propio Lara: “Para que el mensaje y la necesidad de compromiso llegue a todo el público, desde los erutidos shakesperianos hasta aquéllos que no hayan leído ni una sola de sus obras”. La versión de García Montero incluye palabras de gran belleza trasladadas del inglés. Declama Yago: “Abro los ojos, escucho, me borro, hago que mis palabras salgan de otros labios, que las bocas ajenas pronuncien mis verdades. Lanzo la moneda al aire y la cojo, no para comprobar si es cara o cruz, sino para evitar que el ruido del dinero estalle en el mármol”. Tan sabias y sentidas como las de la propia Emilia: “¿Es que se merecen los hombres la fidelidad de las mujeres? Se olvidan de sus obligaciones, desprecian nuestros deseos, buscan amantes en todas las ciudades por donde pasan, y nosotras debemos esperarnos sin protestar, sujetas a sus caprichos, a sus ataques de celos y a sus palizas”.




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