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Cuando Cohen y Morente brindaron por Federico

El poeta y traductor del canadiense, Alberto Manzano, culpable de que Omega viera la luz, evoca los encuentros entre los dos genios de la música, que se admiraron mutuamente





 Publicado el 01/06/2011

Marta Caballero
Año 1980, Leonard Cohen visita España para presentar sus Canciones recientes. Toca en Barcelona y un joven Alberto Manzano consigue enterarse de dónde estaba alojado el cantante. Escritor, traductor y poeta autoeditado, Manzano se planta en el hotel con todo su arsenal y consigue verlo. Poco tarda el canadiense en percatarse de la devoción del catalán hacia su obra. Quedan a cenar, y lo próximo es una invitación de Cohen a Manzano para pasar las navidades junto a su mujer y sus hijos (Lorca, a la que llamó así por Federico, y Adam, entonces de seis y ocho años) en la isla de Hydra. Desde entonces, la suya ha sido una relación "de largo recorrido", una amistad cercana entre el icono de la música norteamericana y el poeta español, convertido desde entonces en su traductor oficial al castellano. "La última vez que hablé con él fue la semana pasada, siempre lo llamo para preguntarle dudas sobre cualquier cosa relacionada con la traducción", comienza explicando Manzano, todavía emocionado por la noticia de la concesión del Príncipe de Asturias de las Letras a su amigo Leonard.

Esa larga relación suya tiene un hito en el año 1992. Cohen volvía a estar de gira por España con el disco El futuro y Manzano, que siempre supo de la relación de Cohen con el flamenco, decidió presentarle a Enrique Morente, con el que trabajaba en un disco de versiones de Cohen junto a Pepe Habichuela desde hacía algún año. Era el germen de Omega, ese álbum antológico de la música española. Bajo la cúpula del Palace, dos genios, Cohen y Morente, brindan por Federico García Lorca, que precisamente había sido un habitual del bar del hotel, dato que les facilita Manzano y que ellos celebran.

Enamorado de la poesía de poeta granadino, la admiración de Cohen por el arte español pasaba también por el flamenco (fue seguidor de Camarón, al que fue a ver al Olimpia de París al final de su vida). "El primer maestro de guitarra de Cohen, el único que tuvo, fue un músico llamado El Gitano de Montreal, que tocaba para las chicas en un parque que se divisaba desde la ventana de la habitación de Leonard", recuerda Manzano. Embrujado por los acordes de aquel joven, Cohen se acercó a él un día y le pidió que fuera su profesor. Quizá por eso, los primeros discos del canadiense escondían un alma flamenca. Nadie se percató de aquello hasta que llegaron a oídos de Morente, que fue quien descubrió aquellos matices jondos. "Cohen siempre le agradeció a Morente que hubiera descubierto que en el fondo de sus canciones había ese poso flamenco. Si entendemos tan bien sus canciones en España es precismante por esa conjunción que se da entre ambas músicas", comenta Manzano.

El primer encuentro en el Palace fue más parecido a una charla amistosa que a una reunión profesional. Cada uno, como pudo, le reconoció al otro su admiración, pero fue suficiente para que Omega, todavía hoy uno de los discos más vanguardistas de la fusión entre el flamenco y el rock, viera la luz en 1996. Ambos músicos no volvieron a encontrarse hasta el año 2008, cuando de nuevo Manzano propició el encuentro en el Festival de Benicàssim, donde los dos actuaban, y Morente, además, volviendo a tocar aquel repertorio grabado con Lagartija Nick de versiones de Lorca y Cohen. "Toda la familia de Morente estaba allí, fue muy emotivo", concluye el traductor. Lo más probable es que, a la hora de recoger el Príncipe de Asturias, Cohen evoque con su discurso aquellos encuentros, esa pasión mutua de dos artistas que nunca hablaron el idioma del otro pero que supieron hallar la natural reunión de sus respectivas tradiciones musicales.

(En el vídeo versión grabada en directo de Take This Waltz en 2008 en Londres).




Pequeño Vals Vienés, de Federico García Lorca

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.
Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del “Te quiero siempre”.

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

Take This Waltz (Versión en inglés del poema, por Leonard Cohen)

Now in Vienna there's ten pretty women
There's a shoulder where Death comes to cry
There's a lobby with nine hundred windows
There's a tree where the doves go to die
There's a piece that was torn from the morning
And it hangs in the Gallery of Frost

Ay, Ay, Ay, Ay
Take this waltz, take this waltz
Take this waltz with the clamp on its jaws

Oh I want you, I want you, I want you
On a chair with a dead magazine
In the cave at the tip of the lily
In some hallways where love's never been
On a bed where the moon has been sweating
In a cry filled with footsteps and sand

Ay, Ay, Ay, Ay
Take this waltz, take this waltz
Take its broken waist in your hand

This waltz, this waltz, this waltz, this waltz
With its very own breath of brandy and Death
Dragging its tail in the sea

There's a concert hall in Vienna
Where your mouth had a thousand reviews
There's a bar where the boys have stopped talking
They've been sentenced to death by the blues
Ah, but who is it climbs to your picture
With a garland of freshly cut tears?

Ay, Ay, Ay, Ay
Take this waltz, take this waltz
Take this waltz it's been dying for years

There's an attic where children are playing
Where I've got to lie down with you soon
In a dream of Hungarian lanterns
In the mist of some sweet afternoon
And I'll see what you've chained to your sorrow
All your sheep and your lilies of snow

Ay, Ay, Ay, Ay
Take this waltz, take this waltz
With its "I'll never forget you, you know!"

This waltz, this waltz, this waltz, this waltz...

And I'll dance with you in Vienna
I'll be wearing a river's disguise
The hyacinth wild on my shoulder,
My mouth on the dew of your thighs
And I'll bury my soul in a scrapbook,
With the photographs there, and the moss
And I'll yield to the flood of your beauty
My cheap violin and my cross
And you'll carry me down on your dancing
To the pools that you lift on your wrist

Oh my love, Oh my love
Take this waltz, take this waltz
It's yours now. It's all that there is

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